18 October 2016

¿Discriminación positiva o ingeniería del victimismo?


La sociedad nos vende dos ideas irreconciliables: por un lado, que cuanto más aprendamos, trabajemos, y nos esforcemos, más lejos llegaremos. Por otro, que en el fondo da igual lo que hagamos: la sociedad no es justa y siempre estaremos discriminados por una razón: sexo, edad, raza, cultura, religión, clase social, etc.

Así, nos hemos convertido en una sociedad donde el victimismo renta muchísimo más que el esfuerzo y el trabajo. Basta elegir una variable para sentirse discriminado: soy árabe en un país cristiano, soy mujer en un país machista, soy gay en un país heterosexual, soy vegano en un país omnívoro, no hablo la lengua, soy extranjero... y luego buscar qué tipo de ayudas o ventajas existen para mi situación particular.

Una parodia de esta situación puede verse en este genial episodio de "Modern Family" (minuto 11:30). La pareja gay protagonista acaba de adoptar a una niña asiática y están haciendo una entrevista para ver si la aceptan en un buen colegio donde hay una demanda altísima. Están tranquilos porque juegan con esa baza: son gays, han adoptado, y la niña es asiática. Nada puede fallar. Pero, de repente, las siguientes entrevistadas son una pareja de lesbianas, una de ellas en silla de ruedas, y con un niño negro en brazos. ¡Ya no tienen nada que hacer!

El victimismo se ha convertido en una maquinaria económica y rentabilizarlo en un trabajo full-time, en una ingeniería en sí misma. ¿Existirá un día en el que tendremos que rellenar una tabla con nuestros datos y se nos pagará una "compensación por victimismo"?

- "Hola, soy Lola Varga, 55 años, homosexual, intolerante al gluten,  y tuve un antepasado judío que fue expulsado por los Reyes Católicos en 1492."

- "A ver, espere un momento, que le calculo los complementos. Machismo: sí; homofobia: sí; alimentación: sí; xenofobia: sí. Serían 550€/mes y la podríamos meter quinta en la bolsa de empleo. Le recomiendo que se corte el pelo y se haga un tatuaje: ahí podríamos rascar otros 50€ por sexismo con agravante y quedaría primera en la bolsa de empleo. ¿Qué me dice?".

Nadie niega que exista discriminación por diferentes factores, que la hay, pero no todos los males del mundo se deben a eso, y no es así como se cambian las cosas. Además, el discurso que suele hacerse es totalmente falaz e ignora lo obvio (los datos), para centrarse en lo sentimental y populista.

Quizá el caso más sangrante actual en nuestras sociedades sea el de la discriminación por razón de sexo. Discurso típico: "Hay que introducir cuotas de discriminación positiva: las mujeres en están discriminadas en el mundo científico/ingenieril/universitario en tecnologías de la información porque la gran mayoría de los puestos de dirección son hombres". Basta consultar los datos o recordar nuestra época de estudiantes para ver que el número de mujeres estudiantes de estas carreras rondaba quizá el 10% o menos hace 20 años. Carreras de libre acceso y cuya única "discriminación" para entrar era la nota, donde normalmente las notas de las chicas eran más altas y podían elegir carrera con más facilidad. Curioso.

Pero vemos titulares como "Sólo un 15% en puestos de responsabilidad en ingeniería son mujeres" y esta cifra nos escandaliza y suenan todas las alarmas de discriminación en los medios.

Pregunta de primaria: simplificando y asumiendo que un puesto de dirección requiere (1) una carrera técnica de este tipo, y (2) 20 años de experiencia: ¿qué proporción de mujeres se esperaría hoy en puestos de dirección si hace 20 años un 10% de mujeres estudiaron esa carrera técnica? Respuesta: un 10%. Un titular más correcto que "sólo un 15%", pero que nunca leeremos sería:"Mujeres en puestos de dirección en ingeniería: un 50% más de lo esperado".

Si no ocurre lo que se espera, basándose siempre en datos, debe estudiarse el por qué.  Por ejemplo, si hay menos mujeres de las esperadas, a lo mejor resulta que muchas cambiaron de sector porque no les gustaba, o porque no estaban dispuestas a estar encerradas en un cubículo programando durante 10 años antes de llegar a ese tipo de puestos. O, por el contrario, si hay más mujeres de las esperadas (cosa que a nadie importar), ¿de qué carreras/sectores vienen y por qué están ahí? ¿No está para eso el Instituto Nacional de Estadística, en vez de las asociaciones feministas?

Pero no es esto lo que se hace. Se ignoran todos los datos, el discurso racional, y se buscan respuestas fáciles y emocionales para arrimar el ascua a la sardina porque se sabe que el victimismo funciona.

Así, hemos asumido como normal que existan aberraciones como plazas de postdoc sólo para mujeres, becas de proyectos sólo para mujeres, gastos de viaje sólo para mujeres, y ¡hasta reconversión de plazas de profesorado inestables a funcionario sólo por ser mujeres con una justificación asociada de "discriminación histórica" (visto en la Universidad de Viena)! No hablemos ya de "Observatorio de la mujer", "Ministerio de la Mujer y las personas vulnerables", "Sección de la mujer" en universidades, y demás.

La gente no ve los grandes peligros de la "discriminación positiva", es decir, de otorgar algo a alguien sólo (o mayormente) por su condición de que él o sus antepasados son o fueron "X". En otros tiempos a lo mismo se le llamaba privilegios, nobleza, fueros.

El problema es que cuando alguien realmente "compra esa idea" de la discriminación y obtiene un beneficio basado en ella, la ve en todas partes de manera abstracta y general. Todo lo bueno es mérito mío, todo lo malo se debe a la discriminación contra mí aunque eso no sea ni remotamente cierto. Cualquier anécdota o situación particular se convierte en una generalización. Y siempre se quiere más y más haciendo menos y menos.

Ejemplo 1: una conocida mía, que estudió una carrera técnica y trabaja en una ingeniería, siempre está amargada por el machismo reinante en su empresa, según ella. Cosas como que en su tarjeta de visita ponga "ingeniero" en vez de "ingeniera" son la prueba de ello (curioso, en la mía pone "analista" y ni siquiera me había parado a pensar en ello). Eso sí, en más de diez años no ha probado a pedir un aumento, cambiar de sección, por no hablar de buscar otro trabajo, irse a otra ciudad o emigrar. Tampoco le preocupa mucho que sus compañeros varones estén igual de quemados que ella o más.

Ejemplo 2: amiga que es el caso contrario. También estudió una carrera técnica, trabajó unos 3 años de programadora y se cansó. Se movió mucho, emigró, y logró un buen puesto de manager, escalando muy rápidamente en la empresa. Con menos 3 años de experiencia real, veintipico años de edad y sin experiencia previa en gestión, ya estaba dirigiendo equipos y ganado mucho más que compañeros con titulación similar y 10 años más de experiencia que ella. Al final lo dejó porque era mucho trabajo y mucha presión. Ella, que logró lo que casi ningún hombre de su empresa había logrado con más titulación, más experiencia, y años de duro trabajo en la misma empresa, también vio en su empresa una grandísima discriminación hacia las mujeres y sigue con ese discurso.

Ejemplo 3: caso espeluznante de rentabilización del victimismo. Como he comentado, el número de mujeres en ingeniería es muy bajo, y en algunos centros semi-públicos existen una serie de cuotas y políticas respecto a las mujeres. A mi amiga, muy espabilada, también gran activista antidiscriminación y con sus quejas constantes, de repente se le abrieron los ojos. Estos centros tienen verdaderos problemas para alcanzar esas cuotas (aunque no lo dicen públicamente) y rápidamente descubrió que el hecho de ser mujer es claramente una ventaja. A sabiendas, decidió rentabilizarlo: se puso en plan rebelde y empezó a pedir la mejora de sus condiciones o amenazaba con marcharse. En apenas un año, una persona contratada para un perfil 100% técnico ha conseguido, simultáneamente, ser ascendida a jefa de sección y una reducción de jornada a 30 horas (curiosa paradoja). En confianza, farda de ello, y nos cuenta que lo único a lo que ella le importa es pasar más tiempo con su perro, dedicar tiempo a sus hobbies y trabajar lo menos posible, y ella sólo se está aprovechando de una situación que "es así" y de la que "no tiene ninguna culpa". Antes pasaba largas horas en el laboratorio, discutía con proveedores, y ahora se dedica a responder e-mails de subordinados y viajar. Y lo mejor de todo: acusa a sus ex-compañeros (muchos de los cuales llevan casi una década allí) de ser "extremadamente ambiciosos y querer ascender". Por supuesto, para perpetuar y proteger su situación, necesita seguir divulgando el discurso de la discriminación sexual, cuanto más agresivo mejor.

Ésa es la situación que estamos creando: ejércitos de jóvenes que salen de una universidad normalita, con muy pocos años de experiencia y, si no son puestos directamente en un puesto de responsabilidad (eufemismo para: buenas condiciones económicas, gente al cargo que haga el trabajo técnico/desgradable/duro y, preferiblemente muchos viajes a sitios exóticos),  buscan alguna excusa victimista. Las mujeres ya han encontrado e institucionalizado la suya: la discriminación.

La verdad es que, por la razón que sea, nuestro sector en particular nunca ha resultado particularmente atractivo para las mujeres. En clase, con compañeros de trabajo después, no conocemos apenas a ninguna que cacharreara con hardware de adolescente, que soñara con intalar una nueva distribución de linux, o programara por afición. Muchas cambiaron de carrera. Curioso que en aquella época no se hablaba mucho de discriminación: simplemente de carreras y sectores más o menos atractivos para unos y otros.

Dos décadas después, toda mujer poseyendo un móvil y un portátil desde la adolescencia, y con la infinidad de recursos existentes (Internet, precios ridículos de hardware y acceso a la información, todo tipo de cursos online de las mejores universidades del mundo, grupos de gente con la misma afición, etc...), la cosa ha mejorado algo, pero en esencia no ha cambiado mucho. Es decir, más facilidades y medios no puede haber, pero ahora resulta que hay un nuevo impedimento para alcanzar la excelencia (palabra que no me gusta pero no encuentro otra mejor) en el campo: la discriminación. La excelencia sólo se consigue con curiosidad y ganas propias, estudiando, trabajando, y manteniéndote en tu campo el tiempo suficiente para tener suerte, si la hay.

Es curioso porque los más tolerantes, guays, y luchadores por la igualdad son los primeros que ven negros, mujeres, y homosexuales y potenciales discriminaciones, en vez de personas. Y los primeros que ayudan a institucionalizar el etiquetado de las personas y ver potenciales discriminaciones muchas veces inexistentes, en vez de enfrentarse y luchar por las situaciones reales.
¿Hasta cuándo se va a insistir en el tema de la discriminación y victimización en éste y otros campos como última excusa para justificar lo injustificable?

Para mí, la verdadera discriminación es la falta de igualdad de oportunidades y esto está casi siempre asociado a una única cosa: la pobreza y la falta de acceso. Por aquí una institución supuestamente respetable destina dinero público para que las investigadoras puedan hacer estancias de investigación sólo por la condición de ser mujeres, justificando no se qué pamplinas históricas de discriminación. 

El día que vi cómo una amiga con coche propio y asistenta en casa accedió a esas "ayudas", mientras cientos de compañeros tienen que pagar de su bolsillo cosas como un taxi para ir al aeropuerto a una conferencia de madrugada porque el centro "sólo se cubre el autobús, tranvía o metro", se me revolvieron las tripas.

Desde que la conocí, nunca dudé de que está donde está por mérito propio y ella también criticaba duramente la discriminación positiva: es claramente competencia desleal. Su pareja todavía más: se le hinchaba la vena con la injusticia. Pero unos pocos años en el sitio adecuado y algunos privilegios ayudan a cambiar de opinión.

En concreto, después de disfrutar de la "ayuda de investigación" y pegarse un buen viaje los dos juntos con todos los gastos pagados en su coche propio, empezaron a tener que racionalizarlo. También tenían que ester preparados para racionalizar que si sale alguna plaza de profesor(a), ella tiene muchas más posibilidades que cualquiera de los chicos, como ya ha sucedido en varias ocasiones. La ley existente donde "a igualdad de curriculum, el trabajo será para la mujer" es ampliamente interpretable.

Ambos han comprobado (y sufrido) cómo la ingeniería del victimismo renta mucho más que un doctorado en una carrera técnica y duro trabajo. Así que, sinceramente, no les culpo.

Saludos.

17 October 2016

Homogeneizando que es gerundio


Hoy invito a echar una ojeada a una entrada de blog donde un español relata y reflexiona sobre los cambios que ha visto en Alemania en la última década: se está convirtiendo, al igual que muchos países, en una amalgama insulsa. Coincido totalmente.

Aunque cada lugar es un mundo, hace una década viví esto mismo en Irlanda, Reino Unido, o Estados Unidos. Y me chocó mucho lo siguiente:
  1. Casi todos los trabajos de servicios considerados "duros", son realizados por extranjeros o, como mucho, estudiantes. Camareros, cómida rápida, tienda de la esquina abierta a cualquier hora, taxis, repartidores, agricultura, etc...
  2. En los autobuses sólo íbamos precisamente nosotros: estudiantes y extranjeros, posiblemente de los que realizan esos duros trabajos. El resto iban en su coche particular.
  3. Casi nadie cocina ni, en general realiza labores del hogar: para comer visita obligada al restaurante de la esquina, supermercado, fast food, o cómo mucho traerse un sandwich de casa. Para cenar, una sopa o un trozo de pan con queso, y vamos listos. El que puede, aunque tenga un piso de 40 metros y no tenga hijos, tiene a alguien que le limpia la casa. Si es extranjero y en negro, mejor.
  4. La vida es un plan prefabricado: trabajo, trabajo, trabajo, actividades lúdico-educativas sin parar, y vacaciones "superguays", todo cuanto más exótico mejor. Eso de pasarse la mañana jugando con el crío, visitar a la familia "porque sí", irse al pueblo de toda la vida el fin de semana a darse un garbeo, o llamar a los amigos para tomar unas cañas espontáneamente no se lleva.
  5. Todo parece hacerse en pos de "una sociedad y un mundo mejor": globalización, multiculturalismo, ecología, solidaridad, salud, y demás. Pero es mentira: todo es pura economía y vamos hacia lo contrario. Hacia un mundo dividido entre ricos (autóctonos) que se dedican a "dirigir, coordinar, y gestionar" (=viajar, buenos hoteles, buenas comidas, actividades variadas), y una clase media-baja (preferiblemente extranjera) realizando los trabajos de verdad, con un techo de cristal clarísimo, pero recibiendo a cambio un nivel de vida suficientemente digno para que no se cabreen y pongan fin al estatus quo. Lo que se vende como "bio/ecológico" no es más que un intento desesperado de proteger la producción local en un mercado europeo/global donde por diferencias salariales entre países a los países ricos les es imposible competir de manera tradicional. Lo que se vende como solidaridad no es más que una deuda que se espera cobrar a futuro. Siempre, absolutamente siempre, hay un interés económico detrás. Es curioso: nunca he visto a gente más egoísta, hedonista, y miserable con el dinero hacia los demás que en esos países que se han puesto la medalla de "generosos y solidarios".
En el fondo todo se resume en: si "el mercado" decide que tu tiempo vale diez veces el de otra persona, ¿por qué no subcontratar todo lo que no te gusta hacer y tú dedicarte a disfrutar de la vida? Es el mercado de la necesidad. Actualmente el mecanismo para que todo esto siga funcionando es la diferencia económica entre países y las grandes migraciones. Por eso a nadie le interesa realmente resolver la desigualdad a nivel mundial: un flujo de gente necesitada siempre será bienvenido mientras interese, aunque esto sea una actitud cortoplacista y equivocada.

Nos creemos muy modernos, pero poco ha cambiado desde aquellos tiempos de los romanos, donde todos aspiraban a ser nobles, comer ricos manjares, celebrar fiestas, acudir a eventos, filosofar en las termas, y tener a tus siervos/esclavos encargándose de los "pequeños detalles" que permiten que eso siga funcionando.

En mi opinión, la diferencia en mentalidad/filosofía de esos países anglosajones/centroeuropeos con los países mediterráneos, de momento es todavía grande: nosotros (todavía) valoramos mucho la familia, las amistades sinceras, y las relaciones sociales. Pero es posible que todo cambie si la economía se vuelve similar a la de esos países. Por desgracia, parece que es la mercantilización de todo y el hedonismo triunfan allá donde van. Intentemos que no ocurra, porque tenemos una cantidad de cosas excepcionales que sólo se aprecian cuando vives fuera (esto da para otro post completo).

Esta pequeña entrada da para reflexiones mucho más profundas pero, por desgracia, hoy no va a poder ser. Un par de lecturas de alguna forma relacionadas y que ayudan a entender hacia dónde vamos:
  1. Love people, not pleasure (en inglés).
  2. To have or to be? (en inglés). Gran libro de Erich Fromm.
Saludos.

03 October 2016

Sobre responsabilidad y trabajo


Interesante noticia sobre una empresa privada que se dedica a desocupar pisos usando boxeadores. Lo que más me ha impactado: una empresa privada mediante métodos legales ha solucionado en 45 minutos lo que la policía no ha hecho en 65 actuaciones, y con la policía delante.

En la plaza mayor del sitio donde vivo hay una esquina donde se sienta gente con problemas: alcohólicos, problemas mentales, etcétera. Están, como digo, en medio de la plaza central, con gente, comercios, terrazas, turistas. Normalmente no causan muchos altercados a parte de molestar al paseante, pero el otro día lo hicieron: empezaron a pelearse, rompieron algún macetero, etcétera. El comercio donde trabaja un conocido está al lado. Lo filmaron y llamaron a la policía. La policía más cercana está a 500 metros.

Dos policías aparecieron dos horas después (cuando ya se había solucionado por su cuenta el tema, aunque alguno aun quedaba por allí) en el comercio para avisarles de que lo sentían pero ésa no era su responsabilidad. (?)

Hace unos días aparcamos las bicis para tomar algo en alguna terraza. Volvíamos de un tour largo, así que yo no llevaba el candado gordo, sólo el fino. Estuve vigilando las bicicletas todo el rato, sin problema. Poco después, fuimos a dar una vuelta, 20 minutos, y a la vuelta la bici más nueva y cara de las dos ya no estaba: el candado estaba cortado. Las bicicletas estaban aparcadas en una rotonda de una zona universitaria, a 10 metros de terrazas llenas de gente. Cuando fuimos a la policía (me ahorro la larga historia de encontrar la oficina vacía) casi se rieron, y no nos dieron ni una copia de la denuncia, sino un post-it con el correo electrónico del policía. Al pedir una copia días después por teléfono, dijeron que no hace falta, salvo que la quieras reclamar al seguro. Lo mismo pasó con mi coche al que rompieron un retrovisor tiempo atrás. Vamos, que para demostrar que hay una denuncia tendrías que llamar por teléfono o escribirle un mail al colega.
El año pasado fuimos a regar las plantas de unos amigos en vacaciones, que viven en una zona céntrica y no particularmente mala de la ciudad. Cuando llegamos vimos que habían forzado la cerradura. Habían robado su casa y varias más del edificio. La policía tardó casi una hora en llegar y su actuación se limitó a decir que el dueño tendría que ir a la comisaría a declarar. El cerrajero de guardia llegó en 10 minutos y cambió la cerradura en otros 10.

Esto no es una parrafada contra la policía, sino contra los trabajos y su responsabilidad asociada en general.

En mi universidad hay un investigador invitado que lleva un año con nosotros y todavía no tiene cuenta de usuario ni ordenador. Hemos tenido que pedirlo cerca de una decena de veces, y llamar a más altas instancias para ser que empezara a mover el tema. El trabajo de un proyecto está bloqueado desde hace semanas por la falta de asistencia del encargado de IT. A nadie le importa.
El encargado de IT ignora los correos si son nuestros y hay que subir a rogarle. Ha conseguido una parcela de poder en la que hay que irse de cervezas con él y ser su colega para que mueva un dedo. Y todo el mundo se dobla. Es de sobra conocido que por sobrecarga no es, porque está todo el día de cháchara de un sitio para otro. Ahora mismo acabo de verlo poner en Facebook las fotos de su salida en bici el domingo con los colegas, y comentar y responder a comentarios con verdadero énfasis, cuando ignora los emails de su trabajo. No estamos hablando de un becario de 18 años. Estamos hablando de un señor que roza los 50, con hijos, con un sueldo más que generoso y una estabilidad que ya quisieran muchos.
Somos investigadores/desarrolladores de IT. En base a "cuestiones de seguridad" no se nos permite ni instalar ¡una máquina virtual! Cada tres años se renuevan los ordenadores; ordenadores que utilizamos y encendemos... para imprimir en la red local. Para poder hacer algo, todos nos hemos resignado a tener que traer nuestros ordenadores personales para trabajar porque sólo nos dejan usar Windows y no nos dan ni cuenta de administrador.

Yo le he dicho a mi jefe a la cara que me da vergüenza pertenecer a ese grupo y a esa universidad, que tiene a una persona un año sin máquina y sin cuenta de usuario, cuando se derrocha presupuesto y tiempo en cualquier estupidez. Y que lo voy a comentar en la siguiente reunión general, pero no me ha dejado. ¿La razón? Que no es lugar para comentar esos asuntos (si no es ese, ya me dirá cuál). ¿La razón real? lo haría quedar mal a él.

La gente me tilda de buscar complicaciones o de exagerar. Pero no es cierto. Yo no me caliento, sólo soy directo y hablo de los problemas que hace falta resolver y que son de cajón. Y los llevo a la instancia que haga falta, o los aireo en público si hace falta.

Mi compañera me estaba convenciendo de lo equivocado que estoy yo, y de que es mucho mejor tener mano izquierda, de que no es para tanto, etcétera. Cosas del Karma, supongo, justo en ese momento, su ordenador personal que, como todos, tiene que traer y llevar cada día a casa en la mochila y que usa 8 horas al día en el trabajo le mostró un mensaje que decía algo así: "tu batería está muerta, por favor contacta con el servicio técnico de Apple para su reparación".

Intenté sentir compasión por ella y lo que le va a costar la broma, pero no pude.

La gente se ha acomodado tanto que ya no quiere luchar ni el más mínimo conflicto por defender lo obvio: que la gente haga el trabajo para el que se le contrató.

Quizá porque ellos tampoco lo hacen. Me he preguntado multitud de veces, por ejemplo, cuál es la labor de un profesor universitario. En teoría: estar formado permanentemente, dar clase, investigar y tutorizar. Sin embargo, una buena mayoría consideran todo un "extra". Ofrecer apuntes o soporte por e-mail no va incluido: que me paguen complementos docentes o nada. Aprender un idioma: o bien me ofrecen una excedencia pagada o me ponen un curso gratis y me quitan horas de clase. ¿Libros/revistas de investigación? O me las paga la biblioteca o un proyecto o nada. ¿Investigación? O me ponen un despacho de becarios y me financian un equipo, así como material y viajes a conferencias o no muevo un dedo.

Todo el mundo se resigna y ya nadie es responsable de nada. Todo es vagancia y cualquier cosa menos trabajar. Y el que se queja o dice algo es un exagerado y un liante. En el fondo, casi todo el mundo opina lo mismo y anda fastidiado, pero nadie no sólo hace sino ya ni dice nada.  Eso sí, el dinerito (especialmente el público) a final de mes que no se retrase ni un día, por favor, que entonces llamamos a los sindicatos y a Amnistía Internacional si hace falta.

En definitiva: si no luchamos ya no por mejorar sino por mantener lo que debería ser: policías que sean policías, personal de soporte que dé soporte, profesores que den clase e investiguen y tutoricen, tenemos lo que merecemos.

Porque esto no ocurre sin cómplices. ¿O quizá es que aspiramos a convertirnos en uno de ellos en el futuro?

Saludos.

30 September 2016

Décimo aniversario o sobre la comunicación humana


Quién lo diría. Parece que fue ayer y ya hace más de diez años de la primera entrada de este blog. En los últimos este blog ha estado completamente parado por circunstancias personales: cambio de país, trabajo, y demás. Mis disculpas.

Hoy, sin embargo, he visto una entrevista a Pérez-Reverte que me ha hecho volver a retomarlo. A parte, por supuesto, de las peticiones de algunos comentarios y directamente de amigos (gracias, Pachi). Esta entrevista y algunas otras cosas que tenía en mente me ha hecho replantearme varias cosas acerca de la comunicación humana y de cómo influye en nosotros.

Por ejemplo, ¿dónde han quedado conversaciones como las de la entrevista? Conversaciones calmadas y profundas, con gente inteligente y que tiene algo que decir. La gente dice que no hay tiempo para estas cosas, pero es mentira.  ¿Cuántas horas al año pasamos en Facebook, en grupos de Whatsapp o relatando en detalle nuestras vacaciones o eventos?  Estamos tan inundados por la inmediatez, la superficialidad, y la estupidez que no nos damos ni cuenta. Casi sin darme cuenta, yo me había metido también en esta dinámica. Realmente es muy difícil no entrar en ella sin quedarse fuera.

Pero, en el fondo, no satisface. Somos lo que leemos, escuchamos, escribimos y decimos. Cuando nuestra comunicación se limita mayormente a enviar fotos de las vacaciones y chistes, y responder con un emoticono, nos estamos emprobreciendo. Google ha dado un paso más allá hacia el empobrecimiento comunicacional con su aplicación de mensajería instantánea. Una de sus virtudes es que es "inteligente". Por ejemplo, un amigo nos envía una foto de su perro en casa y la aplicación es capaz de analizar la foto. Y de proponernos varias respuestas precocinadas: "Qué mascota tan adorable", "Es un labrador precioso", etcétera. Además, también vende como virtud un mayor rango de emoticonos y dibujitos. Todo ello, dicen, "para dar mayor libertad de expresión al usuario".

La "inteligencia artificial de Google" en realidad está indicando qué es lo que se espera que respondamos poniéndolo a un click de distancia. Puede que nosotros mismos no sepamos que es un labrador, pero aun así le daremos al botón. También (por omisión) nos indica qué es lo que no se espera que digamos. Aunque es relativamente fácil generarlas, nunca veremos respuestas como: "te quejas del maltrato y comercio con animales, ¿y ahora te compras un labrador de pedigrí y lo dejas todo el día solo en casa?". Esto no es precisamente libertad de expresión, sino todo lo contrario.

La conveniencia siempre gana. ¿Puede que algún día no muy lejano en vez de poner una letra detrás de otra de manera más o menos coherente e intentar hacernos entender, nos limitemos a responder a base de un solo click?

Es algo que ya está pasando y la tecnología, en vez de ayudar, parece que haga lo contrario. La gente tiene verdaderas dificultades para expresarse. De manera escrita y también oral. El nivel de las conferencias y eventos, en general, es penoso. Las conversaciones, en general, no son claras. Hay muchísimos malentendidos, enfados, y tiempo malgastado porque la gente espera que los demás lean sus mentes, en vez de aceptar que no están comunicando nada inteligible. A veces parecen intercambios de monólogos donde nadie escucha.

A lo que iba. He disfrutado más una hora escuchando a Pérez-Reverte hablar que en la mayoría de eventos y conversaciones que he tenido en los últimos años; si es que pueden llamarse así. Casi todas son superficiales, artificiales, aburridas. Y, el mayor problema, ya casi nadie quiere escuchar otro tipo de conversaciones donde alguien realmente tiene algo que contar.

Dos eventos recientes que lo ejemplifican, con grupos de gente inteligente, con sus estudios universitarios, viajados a muchos países, etcétera, y que se consideran ellos mismos "cultos".
  1. Después de la ronda de fardar de varios museos alrededor del mundo (de lo más variopinto, pero lo importante es que son "famosos"), pregunto al personal. "¿Habéis visitado el museo de Kepler aquí? ¿Sabéis que Kepler vivió y dio clase aquí muchos años? Igual que Tesla y otros tantos que estudiamos en física. Pensar que han estado aquí dando clase en las universidades a las que nosotros asistimos y por las que paseamos cada día... es fascinante". El personal me mira raro, y se nota que quieren cambiar de tema. Para ellos Tesla es un coche, supongo. Pregunto, en alto, "¿de verdad que no sabéis quién fue Kepler ni os suenan (más o menos) las leyes que lo hicieron famoso? Silencio sepulcral, incomodidad, miradas apartadas, y vuelta a las conversaciones de café de personas cultas.
  2. Empieza una conversación sobre aprender idiomas. El uno fardando de una cosa, el otro de otra, el tercero de que usa una aplicación superguay llamada "Babbel". Digo, "sí, está bastante bien, desde luego con el nombre de su marca dieron en el clavo. Mejor no podía haberse elegido". "¿De qué estás hablando?", pregunta uno. Respondo: "Hombre, por la historia de la torre de Babel, que es cómo explica la Biblia la aparición de las distintas lenguas. Todos los hombres hablaban una sola lengua y por tanto podían entenderse y cooperar fácilmente. Se pusieron a hacer una torre que llegaría hasta el cielo, y Dios entendió eso como una amenaza, que se estaban poniendo farrucos, vamos. Así que los castigó creando distintas lenguas y segregándolos para que no se entendieran. El nombre de Babel es exquisito. Y Dios un cachondo, ¿no os parece?". Todos me miraron raro, nadie tenía ni idea de qué estaba hablando. Me sentí como en otro mundo. Por si acaso, vuelvo a preguntar, "¿de verdad que no os suena lo de la torre de Babel y las lenguas?". Misma reacción: silencio sepulcral, miradas apartadas. Lo más gracioso es que todos ellos recibieron educación religiosa en algún u otro momento, y yo nunca. Vuelta a conversaciones cultas de verdad, donde una amiga nos pregunta si sabíamos (lo descubrieron en el viaje del que acaban de volver) que en Perú hay más de 5000 variedades de patatas. La gente parece fascinada (y recalco, "parece") e incluso participa animadamente en la conversación, respondiendo cómo comieron insectos en China.
Ése es el nivel de las conversaciones "cultas" a las que me he enfrentado en los últimos años. Uno intercambio de fardar de experiencias superficiales. En cuanto tocas cualquier tema, en vez de tener una conversación, sólo parece haber dos reacciones: pretender corregirte y darte clases sobre el tema si les suena, o ignorarlo y no querer saber nada de él. Quizá es porque es otra cultura diferente, no lo sé. Pero, en cualquier caso, es bastante empobrecedor.

En fin, esto ha sido suficiente para empezar a desoxidar el blog. Gracias a todos los que todavía seguís leyéndolo. Y gracias, humildemente desde aquí, Arturo Pérez-Reverte, por la motivación. Leer y especialmente escribir son ciertamente buenos analgésicos.

Saludos.

15 February 2016

Heraldo de Aragón se une al cierre de comentarios en ciertos temas


No voy a perder tiempo con esto, pero la cosa se no está yendo de las manos. Lean la entrevista a esta joven musulmana aragonesa y ríanse un rato: "Machista no es el Islam, son las sociedades". Ahora resulta que es Islam, en realidad, es feminista, lo que pasa que está mal interpretado...

Tantas décadas para deshacernos de pensamientos irracionales, de sociedades (e incluso políticas) regidas por escritos de un libro "sagrado", del nacionalcatolicismo franquista, de luchar para construir un estado laico... ¿Por qué es el Opus Dei tan terrible y los Adventistas del Septimo Día "una secta de gente mal de la cabeza", y sin embargo el Islam y el Corán no sólo son "guays" y respetables, sino hasta feministas?

Más que una sarta de tonterías e incoherencias como ésta:
"Ni siquiera veo que el islam como una religión, sino como una forma de vida. Y el Corán lo entiendo como un manual que te ayuda a diferenciar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno es que te da el porqué, razona cada enseñanza..."
me preocupa que ésta es la primera noticia que he visto en toda mi vida en Heraldo de Aragón donde no se permiten comentarios.

Esta política se une a una tendencia ya global en Europa donde hasta los periódicos cuyo lema es "Speech is free" y dicen luchar por la libertad de expresión y el debate y eliminar toda censura, han cerrado los comentarios en noticias que toquen ciertos temas como los refugiados o el islam.

¿Por qué están cerrados los comentarios? ¿De qué tienen miedo los medios? ¿De la libertad de expresión? ¿De buenos argumentos? ¿De la verdad? ¿De escuchar lo que piensa la gente?

¿A qué viene está moda y permisividad por odiar y criticar a la religión católica, mientras se defiende lo indefendible del mundo islámico (y se cierran los comentarios por si acaso a alguien se le ocurre opinar o mostrar datos)?

Saludos.



16 September 2015

Los dibujos de mi amiga


Una amiga me ha enseñado hoy unos dibujos con sombras que ha hecho en un curso. Los dibujos son muy buenos, pero en vez de despertar emociones positivas en mí, se me ha revuelto el estómago. Me ha costado un poco entender por qué, pero al final lo he conseguido. Fueron mis experiencias con la profesora de dibujo en el instituto, lo cual me ha llevado a pensar cómo los profesores marcaron nuestras vidas y nuestro futuro.

Recuerdo muchas cosas de los profesores. Tuvimos algunos profesores excepcionalmente buenos, como los de informática, matemáticas, o física, que nos hicieron entender y amar la ciencia, la tecnología, el mundo; tuvimos los mediocres--la mayoría--, y tuvimos algunos que nos hicieron odiar las asignaturas.

En general, los de letras/humanidades/arte fueron los peores. Quizá porque sus objetivos didáctivos y sus correcciones eran más subjetivas que otra cosa y era imposible demostrar nada cuando considerábamos alguna correción injusta. Así como en matemáticas, física, o informática, o sabías hacer las cosas o no sabías, y muchas veces podías demostrar un error en la correción, o un camino diferente que llevaba a la misma solución; en humanidades el único argumento era el de autoridad de la palabra del profesor. En ciencias también pasaba, pero mucho menos.

Reclamar un resultado injusto en humanidades o arte era más un juego de negociación, persuasión y manipulación, a veces hasta sumisión, que de utilizar la evidencia. Una sonrisa pícara, una mirada sumisa, en matemáticas, física o informática, servían de poco.

Por otra parte, ¿cómo iba un chaval de 16 años tener una interpretación diferente (no digamos ya "más acertada") de Kant que el profesor? ¿cómo iba ese mismo chaval relatarte la historia de una manera diferente, sobre todo si había consultado otras fuentes?

A estas personas se las castigaba con notas "borderline" y a veces humillaciones delante de todos. Recuerdo algunas anécdotas personales.

En historia yo era bastante aplicado, estudiaba, pasaba los apuntes a ordenador de manera estructuradísima mezclando lo dicho en clase, con el libro, con a veces otras fuentes. Mucha gente de clase me pedían mis apuntes y estudiaron de ellos. No sólo muchos de esos alumnos no eran muy brillantes, sino que todo el mundo sabe que para realmente interiorizar una cosa hay que escribirla o enseñarla (cosa que hacía yo con mis apuntes). El resultado era que la mayoría sacaba mejores notas que yo en el examen. En muchas ocasiones yo sacaba un suficiente o un bien, cosa insultante para cualquiera que se tomara estudiar en serio. A veces las cosas llegaban a límites ridículos. Hace casi 20 años de ésto y todavía lo recuerdo. En un examen escribí la palabra "paliación" y no sólo me bajó la nota el profesor sino que me ridiculizó delante de la clase, leyéndolo en público. Se río y dijo algo así como "muy buena tu creatividad, muchacho--en tono sarcástico--pero esa palabra no sale en mi diccinonario María Moliner". Yo no podía segurar en el momento que estaba en lo correcto (no había Internet), así que lo miré luego en casa. Al día siguiente le dije que me parecía muy bien, pero que en mi diccionario de la Real Academía la palabra sí que salía. Se hizo el loco y todavía estoy esperando que me suba la nota o una disculpa .

En filosofía la cosa era todavía peor. El profesor hinchaba la nota descaradamente a las chicas, y a muchos de nosotros nos ponía como nota un interrogante "?" en el examen, cosa que no sabíamos ni qué significaba, imagino que para hacerse el interesante. Resultó significar que tu caso era borderline y tenías que pasarte a hablar con él para ver "qué hacía contigo", como si fuera un juicio. El juicio era un juego raro que hoy me parece "demasiado íntimo". Con casi toda probabilidad, el profesor era homosexual y sus ojos lo decían todo. Con la lucidez que dan los años, hoy la imagen de ese profesor junto a un adolescente me da escalofríos. Tu aprobado o suspenso marcado por ese interrogante "?"--que quizá representaba su sexualidad--dependía de esa pequeña charla íntima.

Pero a quien recuerdo con más rabia es a la profesora de dibujo. Como tantos otros profesores, puntuaba por afinidad con el alumno. La diferencia es que en otras asignaturas era tu palabra contra la del profesor porque se trataba de un examen, pero aquí yo lo podía demostrar, porque muchos ejercicios se hacían en casa.

El caso es que la profesora de dibujo tenía de enchufado a mi compañero. Yo le tenía cariño, pero el chaval no estaba hecho para estudiar y lo decía abiertamente. Se pasaba la clase relatándonos sus peleas de neonazi el fin de semana, enseñándonos sus carnet de Franco y odiando a moros y negros. Creo que acabó en el ejército. Su esfuerzo era mínimo y sus dibujos eran una auténtica chapuza, pero siempre conseguía aprobar, a veces hasta con un 6 o un 7.

Yo soy bastante malo con el dibujo, pero desde luego la diferencia en dedicación (y el resultado final) de ambos saltaba a la vista. Sus dibujos eran una chapuza hecha en cinco minutos que daba pena verlos y los míos, sin tener ningún toque artístico, eran bastante decentes.

Como decía, mi obsesión por la injusticia, ya que ambos sacábamos las mismas notas en esa asignatura--a veces él más alta que yo--me llevó a realizar dos experimentos.
  1. En un ejercicio para casa, antes de entregarlo, se lo enseñé a otra profesora de dibujo que conocía para que lo valorara y lo puntuó entre un 8 y un 9. Nuestra profesora de dibujo me lo puntuó con un aprobado (5 ó 6, no recuerdo).
  2. En otro ejercicio, le dije a mi padre (aficionado al dibujo y con muy buena mano) que lo hiciera por mí. Eran unas formas geométricas sombreadas, e hizo muy buen trabajo, a años luz de cualquier cosa que yo pudiera hacer. El ejercicio merecía un diez y hasta un ciego sabría que era imposible que yo fuera el autor (casi no me atreví ni a entregarlo). La profesora lo corrigió y le dio un notable de puntuación, algo así como un 7 o un 8.
De la universidad podría contar tres cuartos de lo mismo, pero a esas edades uno ya está más maduro, más seguro de sí mismo, hay otras fuentes de validación externas mucho más potentes que el profesor (no hablemos en la era de Internet), etcétera.

Con la profesora de dibujo y otros tantos aprendí la siguiente lección vital, cierta en tantos casos:
  1. Las personas pueden no ser justas ni objetivas de manera demostrable, aunque en eso consista básicamente su trabajo. No quiero pensar en el caso de los jueces...
  2. Muchas personas ponen por encima sus afinidades y simpatías, o simplemente su atracción sexual, a esfuerzo y resultados, o utilizan su poder y jerarquía para manipular.
  3. La mayoría de las figuras de autoridad no soportan que alguien que consideran "inferior" lleve razón o les corrija.
A veces no alcanzamos a comprender la importancia e influencia que tienen los profesores en nosotros, especialmente cuando somos niños y adolescentes. Un profesor injusto, favoritista, manipulador, puede influir en la personalidad mucho más allá del "no me gustan las matemáticas porque el profesor no sabía explicarlas".

Si el arte consiste en despertar emociones y reflexiones, desde luego los dibujos de amiga lo han conseguido. Y eso, con total seguridad, no hace falta enseñarlo.

Un saludo.

Actualización: Mi amiga, una persona muy inteligente y hábil, acaba de leer esta entrada y me ha dicho que no puede estar más de acuerdo. Me ha contado la anécdota de cómo escribió un poema a su madre como ejercicio en clase, cuando tenía 8 o 9 años. Ella dice que era precioso. El profesor dijo que era demasiado bueno para ser suyo, que lo había copiado y le hizo escribir otro, acorde a lo que se esperaba de su edad.

21 June 2015

Packlink y Zeleris: lo barato sale caro


Packlink es un intermediario que te permite encontrar proveedores para realizar tus envíos a precios supuestamente buenos. ¿Cómo funciona? Pesas y mides el paquete en casa, te metes en su página, eliges origen y destino, te calculan precios de diferentes empresas de mensajería, eliges una, pagas, y ellos se encargan del resto.

Hace timpo envié un paquete voluminoso al extranjero a través de Packlink. Pesé y medí el paquete siguiendo sus pasos. Obviamente lo hice con una báscula doméstica y un metro, pero para un paquete de más de un metro y 20Kg no debería haber mucho problema. Además redondeé por arriba en medidas y peso, por si acaso. Ya que, según su propia información, este proceso de pesado/medida es comprobado por la empresa de mensajería y, en caso de error, se reclama al cliente la diferencia más una multa para proceder con el envío. Por tanto, obviamente, nadie se la va a jugar y menos en un paquete grande. Pasaron a recogerlo y el paquete llegó a su destino. Hasta ahí, todo correcto.

Más de seis meses después, recibo un correo de Packlink diciendo que la empresa de mensajería informa de que mi paquete, según ellos, pesaba ¡55 Kg! Me informan de que el precio de enviar tal paquete correspondía casi ¡al doble! de lo que yo pagué y, por tanto, debo pagar la diferencia.

Obviamente ha debido de haber algún error, porque incluso en caso de imprecisión en las medidas al hacerlo en casa (100 gramos arriba y abajo / 1 centímetro en un paquete de más de un metro), es imposible que eso corresponda a doblar el precio por el envío. Y, desde luego, el paquete no pesaba 55 Kg.

Packlink: empresa fantasma

Me pongo en contacto con ellos y empieza a confirmarse lo temido: es una empresa "fantasma". Es decir, es básicamente un software funcionando como intermediario, pretendiendo dar la imagen de una empresa seria y razonable por detrás.

¿Por qué? En primer lugar invito a que el cliente busque un teléfono en la página una página de contacto que invita a resolver los problemas por chat. Para encontrarlo hay que buscar en Google. Llamé 5 veces y en todas las ocasiones, tras simular que todos los "agentes" estaban ocupados y tras un tiempo predeterminado, siempre el mismo, la grabación finalizó invitándome a que utilizara otros medios (chat de la página). Qué casualidad.

Utilicé el chat "live" en 2 ó 3 ocasiones, y nadie me respondió. Al parecer también todos sus "agentes" estaban ocupados. Horas después recibí unos correos electrónico simulando ser las respuestas del chat e indicándome otra dirección de correo electrónico.

En esta dirección de correo electrónico, que si fue ágil (pero sigue siendo e-mail después de todo), se me habló de que era el peso volumétrico y no el real el que se me facturó. Es decir, aunque tu paquete no pese esos 55 Kg, si es de dimensiones grandes, asumen que ése será su peso. Me envían un screenshot donde, con mis medidas y mis datos, Packlink calculó un peso volumétrico (no transparente y no declarado a mí en ningún momento del proceso) unos 6 Kg inferior al que midió/calculó el transportista.

Acudí directamente también a la empresa transportista, Zeleris, para clarificar el tema de las medidas y el peso y se lavaron las manos, redirigiéndome a Packlink.

Es decir:

  • El error es mío, no del transportista. Es su palabra contra la mía.
  • En ningún momento del proceso de envío se informa del peso real/volumétrico ni de cómo lo calculan. Es importante porque utilizando calculadoras de otros proveedores, sus cálculos no coinciden en absoluto. El sistema de cálculo de peso volumétrico que ofrece Packlink es inútil, ¿quién sabe el peso por metro cúbico de sus envíos?
  • Se me informa y reclama 6 meses después.
  • En supuesto de que el error fuera mío (que no lo es), una diferencia de ¿100 gramos? de peso  o ¿1 centímetro? en la medida de un paquete en casa (de 20Kg y más de un metro de longitud), se amplifica según sus cálculos hasta el punto de costar EL DOBLE.
En el correo de atención al cliente se pone de manifiesto (en el uso de las unidades de peso, volumen, etcétera) que no hay demasiada profesionalidad y ni siquiera entienden qué significa "peso volumétrico". En cualquier caso, como cliente no me interesan unos detalles técnicos pésimamente explicados, cuando al cliente se le piden simplemente alto, largo y ancho y el peso del paquete para cobrarle. Si hay algún error, deben hablar en el mismo idioma que me exigen a mí. Es decir, ¿dónde está el error? ¿cuánto pesaba o medía el paquete de más respecto a lo que yo declaré?

Así que, como suelen decir, lo barato sale caro. Parece que este no es un caso aislado, especialmente en el tema de atención al cliente. No quiero imaginar qué habría pasado en caso de haber contratado seguro o de pérdida del paquete...

El único valor añadido de Packlink respecto a contratar a una empresa de mensajería directamente sería su atención al cliente o su eficacia. Toda la evidencia existente en la web indica lo contrario. Mi experiencia también: lo único que he recibido por parte de Packlink ha sido una reclamación injusta seis meses después, donde no he podido hablar con nadie para resolverla o que me explique cuál fue el verdadero problema ¿el paquete medía 1 centímetro de más respecto a lo declarado? o cómo esto puede amplificarse hasta el punto de doblar el precio de un envío.

Tratar al cliente honrado como un ladrón y no ser transparente y eficaz no es la mejor forma de llevar un negocio donde lo único que puedes aportar es precisamente eso.

Saludos.